lunes, 17 de agosto de 2009

Depresión: ayudar con la alimentación

En la depresión si bien es una patología mental, se la puede ayudar mucho a mejorar con la alimentación. Es una enfermedad que compromete todo el organismo. Los síntomas pueden ser variados: fatiga crónica, alteraciones del sueño (insomnio o exceso de sueño), patrones de alimentación que se alteran, dolor de cabeza, de espalda, trastornos digestivos, irritabilidad, pérdida de interés en los pasatiempos preferidos y sentimientos de inferioridad. Los síntomas pueden durar semanas, meses o años. Las causas de la depresión no se conocen completamente pero es muy probable que sean muchas y muy variadas.
Los alimentos que consumimos influyen notoriamente sobre el nivel de ciertos neurotransmisores (dopamina, serotonina y norepinefrina) que están relacionados con nuestro estado de ánimo. Los alimentos que consumimos influyen fuertemente en el comportamiento de nuestro cerebro. Se cree que una dieta inadecuada es una causa frecuente de depresión.
Recomendaciones:
-Coma abundantes frutas, vegetales y legumbres
-Limite el consumo de fenilalanina (presente en bebidas, gaseosas y productos alimenticios que contienen aspartamo), este aminoácido contiene el químico fenol que es altamente alergénico. La mayoría de las personas depresivas son alérgicas a determinadas sustancias.
-Evite los alimentos ricos en grasas saturadas. Consumir carne o alimentos fritos, como hamburguesas o papas fritas, produce lentitud mental y fatiga. Estas grasas interfieren l correcto flujo sanguíneo especialmente hacia el cerebro.
-Evite los productos que contengan en su composición azúcar blanco. El organismo reacciona mas rápido ante el azúcar que ante los hidratos de carbono complejos (pastas, cereales, legumbres). Al consumir azúcar se experimenta un aumento de energía que va seguido rápidamente de fatiga y depresión.
-Evite las bebidas alcoholicas, la cafeína y los alimentos procesados.
-Mantenga activa su mente, descanse bien y practique ejercicio con regularidad. Camine, nade o realice cualquier actividad que le agrade. Evite las situaciones estresantes.
-Aprenda a reconocer y a “reestructurar” sus patrones negativos de pensamiento, en esto puede serle de gran utilidad una consulta con un psicólogo o psiquiatra. Un profesional puede ayudarle a modificar hábitos muy arraigados.

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